Quiero invitarte a que te recojas íntima y calladamente con Dios a solas en este día. Quiero invitarte a que tu alma esté a solas con Dios, en súplica, en alabanza, en amor y que mires humildemente a Dios sólo con tu alma, para que aprendas a vivir en el pensamiento de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz: <>
Dios mío, que de tal manera estés tú en las cosas como si no fueran nada, y de tal modo atiendas tú a Dios como si los existiera Dios y tu alma. Dios en tu alma dándose y conservándote el ser y cuanto eres y tu alma en Dios recibiéndolo todo de El. Dios todo para ti y tu alma toda para Dios y en el mismo Dios. Que haya una relación mutua y continua de amor, de agradecimiento, de entrega.
¿Puede haber mayor gozo que darse cuenta que estás a solas con Dios, amándole y sabiendo que eres amado por Dios? Esto te fortalecerá para vivir en lo futuro tu vida cada día más perfectamente y crecer más en el amor de Dios.
Dile a Dios, que ponga su luz y su fortaleza, su gracia y su amor, en tu inteligencia, en tu voluntad y en tu corazón, para que nunca te canses, ni te desalientes de querer trabajar por amar más y más a Dios.
Hoy reconoce tu nada y tu inconstancia, y pídele y suplícale a Dios que venga en tu ayuda y obre la obra de su amor en tu alma.
Dile a Dios, que El sea el sol de amor que ilumine tu alma, que derrita tu frialdad y encienda en tu alma la llama de su amor. Dile que haga del jardín de tu alma un lugar donde florezcan las flores por su belleza, fragancia y esté sazonada con los frutos dignos de su Presencia.